El ombligo es una gran fuente de bacterias

Las microbacterias de nuestro ombligo podrían considerarse un mecanismo de defensa contra los patógenos.

Una investigación ha arrojado luz sobre los cientos de organismos que viven en el interior del ombligo humano.

 

El ombligo es una gran fuente de bacterias. Y es que esta zona alberga, al menos, 60 especies de hongos, bacterias y levaduras, según los datos obtenidos en 2012.

 

Aunque en dicha investigación encontraron unas 60 o 70 especies en la persona promedio, encontraron más de 1 400 especies en general.

Así pues, se podría decir que las diferencias entre los individuos son grandes, tal y como afirma el Profesor Robert Dunn, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (Estados Unidos).

 

Dunn y sus colegas han recogido hasta ahora las bacterias de la piel de los ombligos de 391 sujetos.

 

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En el estudio, se incluyeron hombres y mujeres de diferentes edades, orígenes étnicos e incluso diferentes hábitos de higiene.

 

Los investigadores no solo se han centrado en el contenido de bacterias en las muestras, sino que también han descubierto hongos y algunas levaduras interesantes.

 

Los científicos han confirmado la viabilidad de estos organismos mediante el cultivo y ahora están en el proceso de secuenciación del ADN de cada especie.

 

Los resultados preliminares indican que el número de organismos por persona varía de forma considerable.

 

Hasta ahora, no se conocía ninguna explicación clara de por qué las personas difieren tanto en términos de sus comunidades bacterianas.

 

Las diferencias que resultaron de este estudio no coinciden fácilmente con el género, la etnia, la edad; ni siquiera con la frecuencia de lavado. Se trata de algo más.

 

Los investigadores, sin embargo, llegaron a la conclusión de que la mayoría de nosotros compartimos un grupo relativamente pequeño de especies bacterianas, con cientos de otras especies raras que tienen unos y otros.

 

Según Dunn, puede ser que la mayoría compartamos nuestras especies comunes, mientras que las especies raras que encontramos son una medida de nuestras historias individuales y son inherentemente impredecibles.

Estas bacterias son una defensa

Los investigadores eligieron investigar el ombligo, en parte, debido a que tiende a albergar tantos organismos que a menudo no han sido alterados por limpiadores, lociones, luz ultravioleta ni otros elementos.

 

Es probable que muchas personas empiecen ahora a ser más conscientes de la importancia del lavado del ombligo.

 

No obstante, Dunn afirma que tales organismos, que también se encuentran en nuestros antebrazos, manos y, realmente en toda la superficie del cuerpo, tienen una función importante.

 

Se trata de una especie de primera línea de defensa contra los patógenos que se posan en nosotros.

 

Una suerte de ejército que vive en nuestra piel y que, cuando se encuentra con un patógeno recién llegado, tiene como primera respuesta luchar contra él.

 

Un ser humano que haya borrado con éxito todos los microbios de su cuerpo podría estar en un alto riesgo de padecer una infección mortal de piel.

 

Cambian nuestro comportamiento

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En una investigación, el Profesor Elizabeth Archie de la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos) y su colega Kevin Theis analizaron las comunidades microbianas en seres humanos y otros animales.

 

Señalan que la bacteria puede incluso cambiar el comportamiento de sus portadores.

 

Los esteroides y otros productos químicos naturales que se encuentran debajo de las axilas son un ejemplo.

 

Estos compuestos son los principales productos del metabolismo bacteriano y pueden dar lugar a todo tipo de olores que afectan la manera en que interactuamos con los demás.

 

Por ejemplo, algunos Corynebacterium metabolizan la testosterona para producir un almizcle, un olor parecido a la orina, mientras que otros metabolizan sebo y sudor para producir un olor como a cebolla.

 

Según estos investigadores, hay pruebas de que las bacterias producen un olor fuerte y que los olores de las axilas sirven como señales de reconocimiento entre los seres humanos.

 

Estas señales, a su vez, parecen ayudarnos a distinguir entre individuos. Las madres, por ejemplo, no tienen problemas para reconocer a sus hijos con solo oler su axila.

 

Incluso con tales lazos familiares, nuestras relaciones más íntimas de la vida son los todavía misteriosos organismos minúsculos.

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